Perspectivas de la vinculación ciencia-industria para la transferencia en México
Perspectivas de la vinculación ciencia-industria para la transferencia en México
Federico Stezano1
La economía basada en el conocimiento tiene una estructura productiva que en la mayoría de sus actividades utiliza investigación científica y desarrollo tecnológico. La capacidad para transitar hacia procesos productivos con uso intenso de conocimiento se mide con indicadores como la cantidad y calidad de redes de vinculación que establecen los agentes de la innovación.
Las redes muestran el valor de la cooperación en el desempeño económico. Para reducir riesgos y acortar los tiempos en que se lleva un producto al mercado, las empresas se especializan y utilizan cada vez más conocimiento externo. Para esos fines se asocian con otras empresas, con organizaciones públicas especializadas en ciencia y tecnología, con organizaciones intermedias de asistencia técnica o financiera, y en ocasiones, de la sociedad civil, y muy especialmente con universidades y centros de investigación. Sin embargo, ese camino aún no ha sido transitado en México.
La baja colaboración de las empresas en México con otros agentes de innovación se refleja en una encuesta sobre innovación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT). La falta de incentivos adecuados, un perfil de competencia empresarial que hace poco uso del conocimiento y la escasa orientación de los grupos de investigación hacia el desarrollo de tecnologías con potencial de comercialización, lleva a que la mayoría de las organizaciones no se involucren en procesos de transferencia de conocimientos, ni con otras empresas y tampoco con la academia.
En México se ha desestimado la importancia de la vinculación entre empresas e investigadores. Por un lado, en la iniciativa privada no se valora la ventaja competitiva asociada a que sus productos y servicios incorporen conocimiento y tecnología, o compiten en sectores donde la relevancia del conocimiento es baja. Por otra parte, los investigadores muchas veces desconfían de los términos de vinculación con las empresas, y no siempre ven a la transferencia como parte esencial de su trabajo académico.
Una estructura productiva con más actividades de uso de conocimiento depende de dos factores:
•El desarrollo de capacidades de la sociedad y la economía, y
•El tipo de especialización de las empresas del país.
México ha respondido de modo insuficiente en ambos aspectos.
En primer lugar, el nivel y desempeño educativo son bajos. Adicionalmente, la sociedad mexicana no termina de reconocer el valor de la educación, la investigación científica y el capital humano, mientras que el sistema político no ha brindado fondos suficientes a la educación, la ciencia y la tecnología. El desigual acceso a la educación, las escasas oportunidades de movilidad social y el menor peso que han tenido históricamente las disciplinas aplicadas como la ingeniería, ha restringido la cantidad de trabajadores de clase media que, en los países avanzados, fueron la base de los inventores y descubridores.
Si se incrementan las capacidades de la sociedad y de la economía mexicana, se podrá aumentar la transferencia de conocimientos, y por ende, disminuir la dependencia tecnológica de los países avanzados. De ese modo, paulatinamente se podrá cambiar y diversificar la estructura productiva nacional.
Desde hace más de veinte años la economía mexicana se ha especializado en la exportación de bienes con contenido tecnológico medio, ensamblados a nivel nacional, pero con la mayor parte de este trabajo (especialmente las partes complejas) es producido en el exterior. Así, esas actividades productivas más exitosas del país se basan en un uso intensivo de la fuerza de trabajo, lo que implica un problema central para el país.
La diversificación de las actividades económicas define el modo de distribución del ingreso y de la concentración de la riqueza de los estratos altos de la población. Una economía que tiene mayor proporción de empresas expuestas a necesidades de conocimientos que deben obtener de forma externa, genera y distribuye rentas de un modo más equitativo.
Lo anterior muestra la estrecha conexión entre la transferencia del conocimiento —que producen nuestras universidades y centros de investigación— a las empresas, y el modelo de desarrollo que se impulsa. La transferencia es importante por razones mayores que exceden al interés de los profesores que estudiamos la innovación, o un interés por comercializar el conocimiento universitario. La vinculación para la transferencia señala un camino probable, aunque lento, para empezar a cambiar los procesos persistentes de bajo crecimiento económico y desigualdad.
En el marco de este panorama, urge reconocer los desafíos a resolver. El primero de ellos es apostar por una mayor inversión en educación, investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación. La comunidad científica como formadora de opinión puede jugar un papel clave poniendo este tema en el debate público. De esto, podrá derivarse una visión del desarrollo que comience a cambiar el perfil de especialización de las empresas y de la economía en México.
En México se ha desestimado la importancia de la vinculación entre empresas e investigadores. Por un lado, en la iniciativa privada no se valora la ventaja competitiva asociada a que sus productos y servicios incorporen conocimiento y tecnología, o compiten en sectores donde la relevancia del conocimiento es baja. Por otra parte, los investigadores muchas veces desconfían de los términos de vinculación con las empresas, y no siempre ven a la transferencia como parte esencial de su trabajo académico.
Una estructura productiva con más actividades de uso de conocimiento depende de dos factores:
•El desarrollo de capacidades de la sociedad y la economía, y
•El tipo de especialización de las empresas del país.
México ha respondido de modo insuficiente en ambos aspectos.
En primer lugar, el nivel y desempeño educativo son bajos. Adicionalmente, la sociedad mexicana no termina de reconocer el valor de la educación, la investigación científica y el capital humano, mientras que el sistema político no ha brindado fondos suficientes a la educación, la ciencia y la tecnología. El desigual acceso a la educación, las escasas oportunidades de movilidad social y el menor peso que han tenido históricamente las disciplinas aplicadas como la ingeniería, ha restringido la cantidad de trabajadores de clase media que, en los países avanzados, fueron la base de los inventores y descubridores.
Si se incrementan las capacidades de la sociedad y de la economía mexicana, se podrá aumentar la transferencia de conocimientos, y por ende, disminuir la dependencia tecnológica de los países avanzados. De ese modo, paulatinamente se podrá cambiar y diversificar la estructura productiva nacional.
Desde hace más de veinte años la economía mexicana se ha especializado en la exportación de bienes con contenido tecnológico medio, ensamblados a nivel nacional, pero con la mayor parte de este trabajo (especialmente las partes complejas) es producido en el exterior. Así, esas actividades productivas más exitosas del país se basan en un uso intensivo de la fuerza de trabajo, lo que implica un problema central para el país.
La diversificación de las actividades económicas define el modo de distribución del ingreso y de la concentración de la riqueza de los estratos altos de la población. Una economía que tiene mayor proporción de empresas expuestas a necesidades de conocimientos que deben obtener de forma externa, genera y distribuye rentas de un modo más equitativo.
Lo anterior muestra la estrecha conexión entre la transferencia del conocimiento —que producen nuestras universidades y centros de investigación— a las empresas, y el modelo de desarrollo que se impulsa. La transferencia es importante por razones mayores que exceden al interés de los profesores que estudiamos la innovación, o un interés por comercializar el conocimiento universitario. La vinculación para la transferencia señala un camino probable, aunque lento, para empezar a cambiar los procesos persistentes de bajo crecimiento económico y desigualdad.
En el marco de este panorama, urge reconocer los desafíos a resolver. El primero de ellos es apostar por una mayor inversión en educación, investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación. La comunidad científica como formadora de opinión puede jugar un papel clave poniendo este tema en el debate público. De esto, podrá derivarse una visión del desarrollo que comience a cambiar el perfil de especialización de las empresas y de la economía en México.
¿Cuáles oportunidades y fortalezas existen para comenzar a transformar a México en una sociedad y en una economía basada en el conocimiento?
El cambio hacia una sociedad y una economía basada en el conocimiento deberá partir de algunas condiciones favorables actualmente existentes en el país:
• La capacidad de los grupos de investigación existentes en muchas disciplinas (como el caso de la biotecnología)
• Los programas públicos de apoyo a la transferencia y la vinculación tecnológica que CONACyT ha venido implementando en los últimos 10 años
• La mayor vocación emprendedora observada en la generación de investigadores más reciente, especialmente de jóvenes doctorados en el extranjero. Varias investigaciones muestran que esta nueva generación asume como imprescindible que el conocimiento que producen sea transferido para que tenga repercusión e impacto en la sociedad.
Referencias: OECD. 2009. México. OECD Reviews of Innovation Policy. Francia: OECD
1Departamento de Estudios Institucionales (DESIN),
Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Cuajimalpa (UAM-C).















