La estructura burocrática para el control y dominación de Nueva España
La estructura burocrática para el control y dominación de Nueva España
Ma. Isabel Marín Tello1
En las instituciones se refleja la concepción del poder; y el orden social de un territorio reside en las personas que ejercen, delegan, administran o manipulan ese poder. Así es como podemos entender que el dominio y control de los territorios ultramarinos de la corona española hasta principios del siglo XIX, se lograra gracias a un aparato burocrático que se encontraba a ambos lados del Atlántico; esa burocracia administrativa estaba formada por un conjunto de hombres e instituciones que operaba en los distintos niveles de gobierno. En este sentido, cabría preguntarse: ¿cuáles fueron las estrategias de la monarquía española para dominar y mantener el poder en Nueva España?
Por un lado, estaban las autoridades que se encontraban en la Península Ibérica, y por otro, las autoridades radicadas en Nueva España. En España estaba el rey, que era la cabeza de la monarquía y, por tanto, la máxima autoridad. Después del rey encontramos a la institución clave para la administración de las Indias: el Real y Supremo Consejo de Indias. Otra institución importante fue la Casa de Contratación.
Los Consejos eran órganos de gobierno utilizados por los monarcas hispanos para administrar sus distintas posesiones. Existía el Consejo de Flandes, el de Italia, el de Castilla y el Consejo de Indias. Éste, creado en la década de 1520, era el encargado de resolver todos los asuntos relacionados con la administración y gobierno de las Indias Occidentales. Los funcionarios del Consejo plantearon estrategias como el equilibrio del poder o sistema de contrapesos para mantener el control de los territorios lejanos. Por su parte, la Casa de Contratación, fundada en Sevilla en 1503, se encargaba del comercio y el tránsito de personas; todo el que quería pasar a América tenía que solicitar su licencia para viajar y por tanto quedaba registrado en esa institución.
El otro grupo importante de instituciones se encontraba en América, en los virreinatos de Nueva España y Perú. El virreinato era una institución de origen aragonés, para personificar al rey en los lugares donde no podía estar físicamente. El virrey era el representante de la Real persona; el nombramiento de ese funcionario llevaba varios títulos: virrey, gobernador, capitán general y presidente de la Real Audiencia de México.
El virreinato de Nueva España estaba formado por cinco audiencias, la de Santo Domingo, la de México, la de Guadalajara, la Audiencia de Guatemala y la de Filipinas. En la estructura administrativa de Nueva España, las audiencias eran un tribunal de justicia y, ocasionalmente, ejercían funciones administrativas. Había tres tipos de audiencias: las virreinales, radicadas en la capital del virreinato y presididas por el virrey; las pretoriales, presididas por un capitán general, como en Guatemala y Filipinas; y las subordinadas, que eran las de Guadalajara y Santo Domingo; en éstas, el presidente era uno de los magistrados que la integraban.
Además del virrey y los funcionarios de las audiencias, había otra serie de funcionarios que gobernaban en el interior del territorio; estos se organizaban en un gobierno provincial y uno local. El gobierno provincial estaba representado por los alcaldes mayores, que eran los gobernadores de un territorio determinado; esta forma de gobierno tuvo varias adecuaciones a lo largo de los siglos XVI y XVII y, finalmente, desapareció en 1786, cuando se reorganizó el territorio de las alcaldías mayores y se crearon las intendencias. Esta fue una de las reformas administrativas más importantes de finales del periodo colonial, que consistió en reducir el número de funcionarios y centralizar el poder regional en un solo personaje. Por ejemplo, la intendencia de Valladolid de Michoacán integró a catorce alcaldías mayores.
Por último, el gobierno local era el cabildo, la estructura de gobierno más cercana a la población y la que resolvía sus necesidades básicas, que generalmente estuvo controlado por la elite del lugar.
A pesar de que hemos hablado de las principales instituciones que hicieron posible el gobierno y la administración de México en la época colonial, había otras que también ayudaron a mantener unidos a los territorios de la Corona española y que fueron fundamentales para lograr el equilibrio de poder, por ejemplo la Iglesia Católica y la Republica de Indios.
La estructura burocrática de la monarquía española sirvió de base para la organización del gobierno republicano del México independiente. Por ejemplo, las intendencias se convirtieron en estados; en el caso de la de Valladolid de Michoacán, ese territirio sufrió algunas modificaciones durante el siglo XIX, pero básicamente es lo que constituye el actual Estado de Michoacán de Ocampo. Otra continuidad importante podemos verla en el gobierno local; el cabildo de la ciudad, el actual municipio de Morelia, conserva muchos de las atribuciones que tenía la institución novohispana; además, mantiene el mismo escudo de armas y los colores que le identificaron desde el siglo XVI, el rojo y amarillo, los mismos colores que la bandera de España.
De la misma manera que ocurre en nuestros días, los funcionarios que ocupaban cargos en las distintas áreas de la burocracia española, pasaban de un puesto a otro creciendo en su carrera como funcionarios reales.
1Facultad de Historia, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).














