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Reescribiendo la experiencia urbana desde los territorios virtuales: apropiación juvenil del ciberespacio

Reescribiendo la experiencia urbana desde los territorios virtuales: apropiación juvenil del ciberespacio
Cupatitzio Piña Mendoza1

Después de la revolución industrial no ha habido un cambio tan relevante en el contexto urbano como el que ha inducido la globalización; además de los grandes cambios que ha sufrido la estructura material de las ciudades ante las exigencias del libre mercado, la concurrencia de fenómenos tales como: la metamorfosis de los procesos productivos, el incremento en el volumen de los movimientos migratorios internacionales —e intercontinentales— y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información han generado transformaciones tan profundas, que algunos investigadores afirman que es necesario cuestionar la noción tradicional de “ciudad” frente a las nuevas formas de vinculación establecidas entre sociedad y territorio.

Por un lado, el desarrollo de las nuevas plataformas electrónicas —en el ámbito de las telecomunicaciones— ha fomentado el desenclave de las relaciones interpersonales de los soportes físicos y territoriales que articulaban la vida social; si bien la comunicación directa de persona a persona no ha desaparecido, una gran parte de las interacciones sociales se desarrollan a través de interfaces tecnológicas que anulan las restricciones físico-espacio-temporales que imponían los encuentros cara a cara. La creciente portabilidad de los dispositivos electrónicos de telecomunicación, la disminución en el costo de la banda ancha móvil y la apertura masiva de locales que brindan el acceso público a Internet, en su conjunto han comenzado a redefinir los hábitos cotidianos, las dinámicas de interacción social y las estrategias a partir de las cuales los sujetos construyen su identidad individual y colectiva. En este sentido, el enorme auge que han tenido las “redes sociales virtuales” (MySpace, Facebook, Twitter, Hi5, además de otros espacios como los Blogs) nos habla de la aparición de nuevos escenarios de socialización, en los que lo ubicuo, lo abstracto y lo incorpóreo se constituyen en los ejes que articulan la comunicación.

Sin embargo, este proceso de desterritorialización y descorporeización de las experiencias y prácticas comunicativas —que se expresa en el uso creciente de las redes virtuales de socialización— no se desarrolla en el vacío, sino que se enmarca en el contexto de las graves problemáticas que enfrentan las ciudades en la actualidad. Las viejas complicaciones relacionadas con: la sobrepoblación y la capacidad de la infraestructura urbana, la agudización de la violencia y la criminalidad, los alarmantes niveles de contaminación ambiental, los abrumadores congestionamientos vehiculares, así como la decadencia en la que han caído los espacios públicos… se constituyen en fenómenos que inciden, directamente, en las maneras a través de las cuales la población percibe y se relaciona con el espacio urbano.

El desbordamiento de la violencia ha jugado un papel trascendental en este proceso, ya que a medida que el sentimiento de inseguridad ciudadana aumenta, el miedo y la desconfianza se colocan en el centro de las interacciones cotidianas, y traen, como consecuencia, una serie de restricciones que redefinen la experiencia subjetiva de habitar la ciudad: el paisaje urbano se llena de barricadas, los sistemas de vigilancia y monitoreo se multiplican, los trayectos “a pie” se reducen al mínimo, los encuentros comunitarios se diluyen, los intercambios multiculturales se restringen y los espacios destinados a la comunión ciudadana se anulan simbólicamente.

La juventud es uno de los sectores sociales que más ha resentido estas problemáticas y, al mismo tiempo, uno de los grupos que utiliza más ávidamente las nuevas plataformas electrónicas de socialización. Este escenario responde a la confluencia de dos fenómenos: el primero se relaciona con la facilidad con la que las nuevas generaciones han incorporado el uso de los dispositivos tecnológicos de telecomunicación a su vida cotidiana; esta habilidad —que rara vez se encuentra en personas mayores a los 40 años— se explica en términos de la expectación que las novedades tecnológicas generan en los jóvenes. El segundo tiene que ver con la degradación física o la pérdida de significación de los espacios urbanos (públicos y semipúblicos) de los que los jóvenes se apropiaban para encontrarse e interactuar entre sí, para identificarse con determinados comportamientos y conformar las agregaciones juveniles, mediante las cuales obtenían la singularidad y la visibilidad necesarias para diferenciarse del resto de la sociedad.

En este contexto, las plataformas electrónicas diseñadas para la interacción virtual han venido a complementar —y en algunos casos a sustituir— la función socializadora que cumplía el espacio urbano; los entornos multimedia proveen las herramientas necesarias para la construcción de espacios virtuales personalizados donde los sujetos se expresan, construyen relaciones afectivas, comparten bienes culturales y producciones artísticas, escenifican melodramas, pelean por el prestigio de la comunidad a la que pertenecen y reconstruyen su identidad individual y colectiva. Sin embargo, esto no quiere decir que el espacio urbano haya perdido toda significación social, ni que los espacios virtuales estén exentos de contradicciones y paradojas: las violaciones a la privacidad de los usuarios y el uso delictivo que se le puede dar a la información personal que se muestra en estos espacios, representan un riesgo latente.

En todo caso estamos ante la emergencia de un nuevo esquema de interacción social mediado por la tecnología, el cual inaugura un universo de posibilidades, cuyas implicaciones sociológicas apenas comenzamos a observar.

1Licenciado en Psicología Social por la Universidad Autónoma Metropolitana,
se ha especializado en antropología urbana y estudios sobre juventud.
Correo electrónico: oixtitapuc@hotmail.com

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