Energías alternativas en México: retos y oportunidades
Energías alternativas en México: retos y oportunidades
Roberto de la Llata Gómez 1, Gilberto Muñoz Arango 2
Uno de los grandes retos que se tiene —a nivel mundial— es satisfacer la cada vez mayor demanda de energía y, al mismo tiempo, reducir su impacto ambiental.
Actualmente, 80% de la energía primaria producida proviene de hidrocarburos, los cuales son cada vez más escasos, y han contribuido a acelerar el cambio climático que pone en riesgo la sustentabilidad misma de nuestro planeta. En nuestro país, esta dependencia es todavía más fuerte, pues aproximadamente 90% de la energía primaria proviene de estas fuentes. Desafortunadamente, al ritmo actual de producción, las reservas probadas de hidrocarburos alcanzarán para solamente unos diez años, de ahí la urgente necesidad de racionalizar su consumo e incorporar fuentes alternas de energía.
Se denominan energías alternativas a aquellas que no emplean hidrocarburos, lo cual incluye a las energías renovables y a la energía nuclear. Las energías renovables son aquellas que provienen de fuentes inagotables y que no tienen un impacto significativo en el medio ambiente. La energía nuclear se obtiene de fisión de isótopos radiactivos que liberan gran cantidad de energía.
Dentro de estas energías alternativas tenemos:
- Solar térmica: por medio de colectores absorbe la radiación solar para transformarla en calor, el cual es transportado por un fluido.
- Solar fotovoltaica: emplea la energía del sol para producir energía eléctrica en celdas fotovoltaicas.
- Eólica: toma la energía del viento para accionar máquinas de tracción o para generar electricidad.
- Bioenergía: que es la energía obtenida de materiales orgánicos de origen biológico, como la biomasa o los residuos y desechos animales o humanos, los cuales a través de diversos procesos pueden transformarse en energéticos.
- Hidráulica: utiliza el agua almacenada en presas para mover turbinas y producir electricidad por medio de un generador (se considera como “alternativa” cuando se aplica a pequeña escala).
- Geotérmica: usa el vapor producido por el calor proveniente del subsuelo para canalizarlo a una turbina que tiene conectado un generador.
- Hidrógeno: cuyo uso principal —después de su obtención— es para generación de energía a través de celdas de combustible, la cual tiene como únicos subproductos: agua y calor.
- Oceánica: que aprovecha el movimiento ocasionado por el agua del mar para impulsar un dispositivo que mueve un generador y produce electricidad.
- Nuclear: se obtiene de las reacciones nucleares que liberan una gran cantidad de energía, la cual se usa para generar vapor de agua que impulsa un turbogenerador en la producción de electricidad.
La urgencia de disminuir la emisión de gases de efecto invernadero (además del agotamiento y el consecuente aumento en el costo de extraer petróleo a profundidades cada vez mayores) ha impulsado —a nivel global— el desarrollo de fuentes alternativas de energía. En México su desarrollo todavía es incipiente, y para que el uso de estas energías adquiera una presencia más importante, es necesario considerar el aspecto económico.
En la Unión Europea existen subsidios e incentivos de tipo financiero para consumidores y productores de energías renovables, pues, actualmente, aún no pueden competir con los precios de la energía proveniente de combustibles fósiles. Y un ejemplo de un programa de este tipo, adoptado en nuestro medio, es el de Hipoteca Verde de INFONAVIT, el cual impulsa el uso de calentadores de agua solares debidamente certificados. Este programa ha ocasionado un repunte en la industria encargada de diseñar, fabricar, comercializar, instalar y mantener estos sistemas.
En México existe una gran abundancia de fuentes alternas de energía. Para fomentar su uso es necesario contar con un inventario nacional de estos recursos y establecer los mecanismos adecuados para mantenerlo actualizado. Más importante aún es contar con los recursos humanos que puedan potenciar su utilización.
Actualmente, existen algunas universidades y centros de investigación que empiezan a realizar investigación y desarrollo tecnológico de calidad en estos temas. Hacen falta políticas públicas que apoyen a dichas instituciones en la formación de recursos humanos especializados y en las labores de vinculación con el sector productivo. El reto no es fácil, pero al ser esta una tecnología en los albores de su aplicación a gran escala, existe la oportunidad —tal vez por primera vez en nuestro país— de ser actores importantes y autosuficientes en las nuevas tecnologías, que, a su vez, pueden detonar la creación de una fuerte industria nacional en esa rama.
1,2 Centro Queretano de Recursos Naturales.














