La irrigación revolucionaria en Michoacán
La irrigación revolucionaria en Michoacán
Martín Sánchez Rodríguez1
A diferencia del reparto agrario o de la aplicación de los preceptos del artículo 123 de la Constitución de 1917, la política de irrigación en México siempre ha sido bien vista por los gobiernos emanados de la revolución de 1910. Ya sea por su origen social, por sus aspiraciones económicas o por su visión sobre el desarrollo del país, la construcción, la rehabilitación de infraestructura hidráulica y el crecimiento de la frontera agrícola de riego han contado con más simpatías que antipatías entre políticos, empresarios o agricultores.
Por sus características físicas, el Estado de Michoacán ha sido beneficiado con las políticas revolucionarias de irrigación. Entre los años de 1934 a 1976 importantes inversiones públicas fueron canalizadas al territorio michoacano para crear nuevas tierras de riego, para rehabilitar las destruidas por el movimiento armado o para continuar las proyectadas durante el Porfiriato, pero, con un sentido social distinto. Los valles drenados por los ríos Lerma y Balsas, y sus tributarios, fueron el principal escenario de la irrigación revolucionaria en Michoacán y las páginas siguientes pretenden ser un recuento de lo alcanzado.
Por la grandeza de México
Oficialmente, la irrigación revolucionaria tiene su punto de arranque en 1926, con la formación de la Comisión Nacional de Irrigación (CNI). Creada por Plutarco Elías Calles, que no simpatizaba mucho con el reparto agrario de tipo colectivo o ejidal, pero sí con la pequeña y mediana propiedad, por ser éste su origen social, la CNI tenía por objeto trabajar por el “engrandecimiento de México” que, en otras palabras, significaba encargarse de la planeación, construcción y manejo de lo que ahora conocemos como distritos de riego.
Con esta acción se mantenía la aspiración decimonónica y porfiriana de que la irrigación fuera uno de los paradigmas de la modernización en México; pero se le daba un golpe de timón a la política hidráulica nacional, al encargarse el gobierno federal de la planeación, financiamiento, construcción, mantenimiento y dirección, cuando en el pasado su papel se había circunscrito a la autorización de obras. Y se dieron los primeros pasos para el financiamiento para obras de irrigación, a través de la Caja de Préstamos.
Durante su primera etapa (1926-1931), la CNI inició la construcción de los Sistemas de Riego 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 8 correspondiente cada uno a Pabellón, Aguascalientes; El Mante, Tamaulipas; Tula, Hidalgo; Don Martín, Coahuila y Nuevo León; Delicias, Chihuahua; San Carlos, Coahauila, y Meztitlán, Hidalgo respectivamente. Con la segunda etapa de trabajo, comprendida entre 1932 y 1934, se inició la formación de los Sistemas de Riego 7 El Nogal, Múzquiz, Coahuila; No. 9 Ciudad Juárez, Chihuahua; No. 10 Culiacán, Sinaloa y No. 11 Alto Lerma, Guanajuato.
Michoacán entró de lleno a la irrigación revolucionaria entre los años 1934-1940, que corresponden al gobierno del general Lázaro Cárdenas, con la construcción de grandes obras de irrigación, como las presas Cointzio y Malpaís, encauzamiento de los ríos Chiquito, Grande, y Queréndaro en el distrito Morelia-Queréndaro; presa de derivación, canales de riego en el Distrito de Tarecuato; drenaje y dragado del río Duero, y Operación del distrito de Riego de Zamora; desarrollo de la Unidad Apatzingán del Distrito de Riego de la Tierra Caliente, y reforzamiento de bordos y canales de riego y drenaje en la Ciénega de Chapala.
El Distrito de Riego Morelia-Queréndaro comprende los valles del propio nombre, además del Plan de San Bartolo o Valle Álvaro Obregón. La obra de la CNI en este punto consistió en potenciar la capacidad agrícola que originalmente tenía la gran hacienda de San Bartolo, en beneficio de los ejidatarios de la región. Además de la construcción de canales, se levantó la presa de Cointzio, se rectificaron los ríos Grande y Chico de Morelia, y se construyó la presa de Malpaís. Tras incrementar la superficie de riego, otro de los beneficios obtenidos fue el mejoramiento de la salubridad, la regularización de los ríos y el hecho de haberse evitado las inundaciones del valle.
De las obras en Tarecuato se debe destacar el hecho de que es uno de los primeros trasvases de agua de una cuenca a otra, proyectados por los gobiernos de la revolución. Con el objeto de mejorar las tierras de la antigua hacienda de San Antonio Guaracha, fraccionada a favor de los ejidos de Emiliano Zapata, Guarachita, Los Remedios, Jiquilpan y Totolán, localizados en la parte michoacana de la ciénega de Chapala, el general Cárdenas acordó la formación del Distrito de Riego de Tarecuato, para lo cual fue necesario captar aguas de la cuenca del río Balsas y pasarlas, mediante un túnel, a la del Lerma.
En Zamora, el viejo y anhelado proyecto de desecar la zona cenagosa del valle —que se había iniciado durante el Porfiriato con la construcción del canal de Zapadores, para desviar parte del agua del río Duero—, se vio culminado con la excavación de una extensa red de canales y drenes de desagüe, en beneficio de los ejidos de Jacona, Zamora y varios pequeños propietarios.
Como en los tres casos anteriores, las obras en la parte norte de la ciénega de Chapala —donde se localizan los actuales municipios de Ixtlán, Pajacuarán, Venustiano Carranza, Briseñas y Vista Hermosa—, fueron complementarias a la construcción del dique de Maltaraña o de Cuesta que, a finales del Porfiriato, mandó construir el rico y poderoso hacendado Manuel Cuesta Gallardo, para desecar parte de la laguna de Chapala. La intervención del gobierno federal, además de construir la red de drenes y canales principales y secundarios, permitió la instalación de una batería de estaciones de bombeo que facilitó la extracción del agua de la ciénega al lago y viceversa.
Finalmente, está la Tierra Caliente de Michoacán, objeto de especial atención de parte del general Cárdenas, y donde el gobierno federal expropió alrededor de 350 mil hectáreas, entre 1930 y 1970. Aquí, durante la administración del general Cárdenas, se expropiaron las tierras y obras hidráulicas existentes en las tierras de los Cusi. También la Tierra Caliente fue escenario de uno de los principales programas gubernamentales: la Comisión de la Cuenca del Tepalcatepec que, desde 1947, procuró el desarrollo regional a través de un intenso programa de obras: hidráulicas, de comunicación, educativas, de salud… que han quedado como herencia de la irrigación revolucionaria.
1El Colegio de Michoacán, A.C.














