Divulgadores y cultura científica
Divulgadores y cultura científica
Héctor Oscar González Seguí
Las personas y las sociedades viven gracias a su cultura que está hecha de comunicación, trabajo y conocimiento. Cada uno de nosotros mantiene, difunde y crea (y también discontinúa) el uso de algunos elementos de cultura.
Algunos siglos atrás, los grupos humanos eran más cerrados y su cultura les parecía única en el mundo. En el presente estamos más conscientes de la diversidad cultural que resulta de la convivencia de agrupamientos étnicos, nacionales, de oficio, clase y género.
Sin embargo, las diferencias también dificultan la comunicación y, en este contexto, aparecen llamados para que adquiramos o mejoremos “culturas” —como adjetivo—: “cultura alimentaria”, “cultura del agua”, “cultura cívica”, etc. Son propuestas que difunden conocimientos y actitudes para hacer más rica y armoniosa la vida social del presente.
En esa línea, auspiciamos la “cultura científica”, que es una parte de la herencia humana valiosa tanto por sus usos locales como por ser un recurso amplio de comunicación y acción. Nos interesa que se conozcan las ciencias y, sobre todo, que logremos las capacidades y actitudes necesarias para evaluar las ideas y los hechos.
Hay ejemplos de la expansión de cultura científica: ya casi nadie teme el fin del mundo cuando sucede un eclipse de sol; sabemos de la existencia de microbios y de cómo usarlos, de la historia y del clima; o de la anatomía y fisiología humanas para cuidar (quizás también para descuidar) algunos aspectos de nuestra salud. Toda esta información es parte de una cultura científica ya difundida, pero queda mucho por hacer.
Para lograr avance en la cultura científica se requieren tutores especiales. Necesitamos en este campo personas que nos guíen a entender el quehacer de las ciencias. Los divulgadores entusiastas entregan su capacidad a estudiantes y personas de todos los niveles; nos enseñan a mirar los inmensos logros del saber científico, así como a entender y apreciar la manera en que se construyen y cambian. Su esfuerzo pedagógico siempre encuentra formas de estimular nuestra propia capacidad creativa.
La cultura científica ayuda a alcanzar fines prácticos, pero también y quizás más importante, sirve para acercarse con prudencia a conocimientos algo más verdaderos. “La verdad nos hará libres”, dice un lema. La divulgación de cultura científica nos hace dar un paso hacia esa libertad.














