El viaje interminable hacia la Selección Natural
El viaje interminable hacia la Selección Natural
Ana Claudia Nepote, Ek del Val y Leonor Solís1
Durante el 2009 pudimos recordar el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin, quien a sus 50 años publicó su máxima obra, El Origen de las Especies por medio de la selección natural, o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida, la cual contiene una de las ideas más poderosas de la historia. El mismo día de su publicación, el 24 de noviembre de 1859, se agotó la primera edición. En sus líneas finales, el texto menciona que: “de un inicio tan sencillo han estado y aún están desarrollándose infinitas formas de vida, de las más hermosas y más maravillosas”. Darwin explicaba por primera vez al mundo el origen de las especies y la evolución por selección natural.
La historia de Charles Darwin y su recorrido a bordo del Beagle invita a imaginar cómo era la vida en aquel entonces. Darwin nació un 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, Inglaterra. En la Inglaterra del siglo XIX había pocas escuelas y los niños de familias ricas recibían en sus propias casas educación e instrucción de maestros particulares. La mayoría de los niños, al cumplir los 8 ó 9 años se incorporaban al sector laboral en fábricas o minas. Charles Darwin nació con “buena estrella”, pues sus padres eran Robert Darwin, un médico y hombre de negocios acomodado (hijo de Erasums Darwin, reconocido médico y filósofo), y Susannah Wedgwood (hija de un importante ceramista e industrial). Darwin tuvo cuatro hermanos con quienes disfrutaba de agradables paseos por el campo. A Darwin poco le interesaban los estudios pero mostraba predilección por la historia natural y una gran afición por colectar todo tipo de animales, sobre todo, escarabajos y mariposas.
La concepción de aquellos tiempos sobre el mundo natural se limitaba a sospechar que existían al menos cien tipos distintos de animales, los suficientes para que cupieran en el Arca de Noé. Otro pensamiento importante de aquella época —y que sigue acompañado la figura de Darwin hoy en día— es el creacionismo, que plantea que un ser supremo creó la vida en la Tierra en tan sólo algunos días y que desde entonces, los animales y las plantas han existido sin cambios en el transcurso del tiempo.
Charles Darwin trató de seguir los pasos de su hermano mayor, Erasmus, en los negocios, pero cuando cumplió 18 años su padre lo envió a la Universidad de Edimburgo, para que estudiara medicina y continuara con la tradición familiar. Durante los dos años que Darwin vivió en Edimburgo conoció a diversos profesores que influyeron en sus gustos e intereses. Se dio cuenta de que la medicina no era lo suyo, pues se sintió incapaz de practicar la cirugía luego de presenciar la operación de un niño sin anestesia.
Los intereses de Darwin estaban en otro lado, se enfocaban a los estudios y exploraciones del mundo natural. Mostraba interés por la colecta y la clasificación de las plantas y contribuyó a enriquecer las colecciones del museo universitario. Estas “distracciones” molestaron a su padre por lo que envió a Charles a la Universidad de Cambridge. En otoño de 1827, Charles inició sus estudios de licenciatura en artes… con la idea de ordenarse como pastor anglicano. Durante este período conoció a personajes definitivos en su vida, uno de ellos fue John Stevens Henslow, profesor de botánica y director del Jardín Botánico de la Universidad. Entre los dos desarrollaron una gran amistad y años más tarde, el mismo Henslow recomendó a Charles Darwin como acompañante del capitán Robert Fitzroy a bordo del velero HMS Beagle para realizar el viaje que marcaría su vida e iba a cambiar nuestra concepción del mundo más allá de la existencia del mismo Darwin.
Así fue que a sus 22 años, recién concluidos sus estudios universitarios, Darwin recibió una invitación para incorporarse a formar parte de un viaje cuyo fin era cartografiar la costa de Sudamérica. Darwin aceptó la invitación con entusiasmo, pero su padre no estuvo de acuerdo en que su hijo se lanzara a la aventura en altamar y le dijo: “si encuentras a algún hombre con sentido común que te dé su consejo de ir a este viaje, entonces yo te daré mi permiso”. Ni tarde ni perezoso, Darwin buscó el apoyo de su tío Josiah Wedgowood y entre los dos, prepararon una carta para convencer al padre de Darwin de que le diera su consentimiento para el viaje. Aún faltaba la aceptación del capitán Fitzroy, que por cierto era otro joven de tan sólo 26 años. Fitzroy y Darwin, a pesar de tener ideologías contrarias, el primero era conservador y el último liberal, congeniaron bien, pues ambos procedían de la clase aristócrata inglesa y eran aficionados a la plática y a la discusión.
La partida del Beagle ocurrió la mañana del 27 de diciembre de 1831. Darwin no resultó ser un hombre de mar, casi todo el tiempo en altamar se la pasaba mareado y más tarde anotó en su diario: “si no fuera por las maravillas de animales encontrados, mi estancia en el mar sería completamente inconcebible”.
La primera parada programada eran las Islas Canarias en las cuales Darwin tenía planeado explorar la geología volcánica de la que tanto había leído; sin embargo, su primer desembarco se vio frustrado debido a que las autoridades isleñas les impidieron bajar, pues había una epidemia de cólera en Inglaterra y temían contagiarse. El Beagle continuó con su travesía y el primer sitio de desembarco fue Cabo Verde. Ahí, el joven Darwin tuvo su primer encuentro con la movilidad de la corteza terrestre. En sus excursiones por la isla, encontró depósitos de fósiles marinos 14 metros por encima del nivel del mar, evidencia que ponía en duda el hecho de que la corteza terrestre hubiese estado siempre en el mismo lugar.
Después de un mes de viaje, llegaron a Bahía, en Brasil, el 28 de febrero de 1832. Al llegar, a Darwin le costaba trabajo creer lo que sus ojos veían, la exhuberancia de formas de vida acompañadas de un ambiente caluroso y húmedo hicieron que el joven naturalista se sintiera transportado a otro planeta. En su diario Darwin anotó: “maravilloso es una palabra insuficiente para expresar los sentimientos de un naturalista que ha vagado por primera vez en un bosque brasileño… ese día siente el placer más profundo que jamás imaginó experimentar”. Continuaron el viaje por la costa de Brasil, Uruguay y Argentina. En Bahía Blanca, Argentina, Darwin encontró un depósito de fósiles que lo marcó de por vida, pudo desenterrar un esqueleto casi completo de un megaterio (un pariente extinto de los osos perezosos). La existencia de animales fósiles parecidos a los vivientes, pero de dimensiones mayores, intrigó a Darwin: “¿por qué habrían desaparecido esas especies y no las actuales?”
El viaje continuó hacia Tierra del Fuego, en donde pasaron cerca de los glaciares y conocieron a los indígenas fueguinos que impactaron a Darwin por sus facciones toscas: “si somos todos hijos de Adán y Eva ¿por qué somos tan diferentes?”
Entre 1833 y 1834, el Beagle recorrió de ida y vuelta la costa argentina y los canales de Tierra del Fuego para establecer la cartografía con precisión. Darwin aprovechó esta situación para realizar varias excursiones tierra adentro y pasar menos tiempo a bordo del velero y así evitar los constantes mareos.
Durante 1835, el Beagle recorrió la costa de Chile y Darwin aprovechó para adentrarse en los Andes. Tuvo la experiencia de vivir un gran terremoto en Concepción y encontró depósitos de conchas fósiles a 3, 500 metros de altura, una vez más se preguntaba: “¿cómo llegaron las conchas hasta esta altitud?”
Darwin colectaba y guardaba todo tipo de evidencia fósil, muestras de plantas y animales que posteriormente enviaba de regreso a Inglaterra. Meses más tarde, Darwin recibió una carta de Henslow, su estimado profesor y amigo cercano. En la carta Henslow informaba a Darwin que todo el material de colecta que él enviaba de regreso a Inglaterra (incluyendo las cartas que acompañaban al material), las presentaba a las sociedades científicas inglesas como documentos oficiales de investigación: “todos hablan sobre ti, cuando regreses, ¡serás uno de los más respetados científicos de Inglaterra!”.
Luego de mucho navegar y con dos años de retraso, el Beagle continuó con su trayecto. En septiembre de 1835 hicieron una escala en el archipiélago de las Galápagos, mil kilómetros al oeste de la costa de Ecuador. Darwin tenía especial interés en conocer la geología del lugar más que la vida silvestre. Con tan sólo un mes de estadía en estas islas, años más tarde Darwin recopilaría toda la información recabada para generar su revolucionaria teoría de la evolución. En las islas Galápagos, Darwin encontró iguanas marinas, inmensas tortugas galápagos —que alguien le dijo que habían sido traídas alguna vez desde el Océano Índico—, y los famosos pájaros con picos especializados en comer distintas cosas: los pinzones. “¿Por qué estos pájaros eran casi idénticos entre sí con excepción de su pico? ¿Tendrían un ancestro común del cual habían divergido?”
En las Galápagos, Darwin encontró ejemplos que ponían la cereza al pastel de la teoría que tenía en mente, pero probablemente hubiese llegado a las mismas conclusiones si el Beagle no hubiera pasado por el archipiélago, pues tenía evidencias biológicas y geológicas de los otros puntos de visita. La travesía del Beagle continúo a Tahití, Nueva Zelanda y Australia en donde realizó varias observaciones sobre los arrecifes coralinos. Después de Australia, el Beagle hizo paradas cortas en Sudáfrica para luego emprender el largo regreso a casa. Así fue que durante la lluviosa noche del 2 de octubre de 1836 y después de 4 años, nueve meses y 5 días en altamar, el Beagle desembarcó en el Puerto de Falmouth.
El viaje a bordo del Beagle fue totalmente transformador para Darwin, desembarcó en Inglaterra siendo un incrédulo de la creación divina y de la inmovilidad de la vida y de la Tierra. A su regreso, Darwin se encontró con una vida muy ocupada con una lista enorme de preguntas que responder a muchos científicos y naturalistas ansiosos por conocerlo y discutir sobre sus observaciones, hallazgos y teorías recopiladas durante el largo viaje. Su amigo Henslow invitó a otros colegas a que conocieran el material que Darwin había enviado desde Sudamérica. Richard Owen, un anatomista famoso, examinó los fósiles, mientras que John Gould, un especialista en aves, examinó la colección de pájaros, asimismo otros especialistas trabajaron con las colecciones de lagartijas, insectos y conchas.
Darwin continuó con un estilo de vida intelectual muy ocupado, se dedicó a ordenar sus diarios y a escribir notas y textos cortos sobre distintas características del mundo natural observadas durante su viaje. Vivió una intensa vida social hasta que en enero de 1839 se casó con Emma Wedgwood y tuvo a su primer hijo. De manera repentina, la salud de Charles Darwin se vio afectada por episodios de cansancio, dolores de estómago y de cabeza, manos temblorosas, taquicardia, insomnio y vómitos. El delicado estado de salud de Darwin, y la pésima situación social en Londres, obligó a la familia Darwin a cambiar su residencia a Down, a 16 millas al sur. Darwin comenzó una vida sedentaria que contrastaba con los años previos de su juventud a bordo del Beagle.
En este período, otro joven entusiasta británico, Alfred Russel Wallace, viajó, a su vez, por diversos lugares del mundo e inició una correspondencia con Darwin acerca de las maravillas naturales y la posibilidad de los cambios en los seres vivos, intercambio que duró mucho tiempo. Entre 1853 o 1854, la fecha no es precisa, Darwin y Wallace tuvieron un solitario y único encuentro breve en la sala de colección de insectos del Museo Británico. Sin embargo, de esta relación epistolar surgió la teoría del origen de las especies por medio de la selección natural, a la que tanto Darwin como Wallace habían llegado de manera independiente, ambos basados en las evidencias científicas acumuladas de sus exploraciones por el mundo. El anuncio oficial se realizó el 1 de Julio de 1858, en la Linnean Society de Londres.
Un año más tarde, el 24 de noviembre de 1859, Darwin publicó su máxima obra, le había tomado 23 años escribirla en su forma definitiva a partir del regreso de su viaje, hasta que la maduró y pudo postular hipótesis profundas y críticas que ayudaron a revelar los secretos del origen de las especies.
La obra de Darwin generó una revolución en el pensamiento que perdura hasta nuestros días. Darwin presentó una teoría que explica cómo mediante procesos puramente naturales se dio el origen, la diversificación y evolución de todos los seres vivos que han existido en la Tierra, incluyendo al hombre. Esta teoría derivó en la biología evolutiva, una de las áreas más activas de investigación científica. También en la taxonomía, paleontología, la genética de poblaciones y la ecología, entre otras ramas de estudio. En la actualidad, la teoría de la evolución se emplea en la sistemática, la biología molecular y la genómica.
1Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la UNAM, Campus Morelia.
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