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La historia evolutiva del pez gambusino

La historia evolutiva del pez gambusino
Héctor T. Arita1

En la mayoría de los ríos que desembocan en el Golfo de México y zonas adyacentes habita un pequeño pez de apariencia común y corriente. Incluso sus nombres, tanto el científico como el común, denotan ese aspecto inconspicuo (1): se trata de la gambusia o pez mosquito. Es un pez de unos cuantos centímetros de longitud, de coloración grisácea y aspecto muy poco llamativo. Como en otras especies americanas de la familia de los poecílidos, los machos son más pequeños y están dotados de un aparato reproductor llamado gonopodio que les permite fecundar internamente a la hembra. El desarrollo de los embriones tiene lugar en el interior del cuerpo de la hembra, de tal manera que los alevines nacen directamente de ella.

Se le llama pez mosquito por la supuesta avidez de estos animales por las larvas de insectos. La gambusia se ha introducido en diferentes partes del mundo en proyectos de control de mosquitos, pero los resultados han sido más bien desalentadores. En innumerables documentos disponibles en Internet se explica que el nombre Gambusia deriva de la palabra gambusino, que supuestamente significa “inútil” en el español de Cuba. Esta explicación apareció por primera vez en el libro de Herbert Axelrod sobre peces tropicales de acuario a mediados del siglo XX y ha sido repetida en incontables ocasiones. “Gambusino” también es un mexicanismo para referirse a los buscadores de oro o, en forma genérica, a las personas que se embarcan en negocios riesgosos. De hecho, es posible que la palabra derive del inglés gamble business, que significa precisamente “negocio riesgoso”.

Las gambusias y sus parientes de la familia Poecilidae nos proporcionan varios ejemplos que nos permiten entender más fácilmente algunos conceptos sobre la evolución. Los poecílidos más conocidos son el guppy, las molinesias, el platy y los peces – espada, que son habitantes comunes de millones de acuarios caseros en todo el mundo. La familia está representada por cientos de especies que se distribuyen en las zonas tropicales de América del Sur y África, además de áreas subtropicales de América del Norte y de algunas islas del Caribe. Esta distribución compartida entre el Continente Negro y Sudamérica aparece en varios grupos de vertebrados; por ejemplo, hay puerco-espines y otros roedores, representados por especies diferentes, en ambos lados del Atlántico. Este patrón de distribución demuestra que en un tiempo, hace más de 40 millones de años, los dos subcontinentes estuvieron unidos. Más aún, en el caso de los poecílidos existe otro patrón interesante: todas las especies del Nuevo Mundo tienen fecundación interna, mientras que todas las especies de África se reproducen como la mayoría de los peces, con huevos que son fecundados en el exterior. La explicación más lógica para este patrón es que la fecundación interna es una característica que apareció en Sudamérica después de la separación de los dos subcontinentes y que representó algún tipo de ventaja evolutiva que determinó que en la actualidad todas las especies del Nuevo Mundo compartan esta forma de reproducción.

Los poecílidos se encuentran entre los peces más populares tanto entre los aficionados a los acuarios principiantes como entre los más avanzados. La elegante y colorida cola de los guppies machos es una imagen común en muchas peceras de todo el mundo. De igual forma, la larga cola terminada en lanceta y los vivos colores rojizos del pez-espada lo han hecho una de las especies más atractivas entre los peces tropicales de agua dulce. Ahora bien, pocas son las personas que han tenido la oportunidad de observar los peces-espada en su ambiente natural. En los ríos del noreste de México, el hábitat natural de estos peces, podemos encontrar individuos con la lanceta caudal, pero con una coloración verde pálido inconspicuo que no parece tener nada que ver con los encendidos colores que podemos ver en los acuarios. Es fácil entender cómo un proceso de selección biológica, en este caso dirigida por la mano de los criadores de peces, puede haber desarrollado esta divergencia de colores. A partir de un grupo de individuos provenientes de los ríos, los criadores fueron escogiendo para la reproducción aquellos individuos con las colas más elegantes y los colores más vistosos. Al cabo de unas cuantas generaciones de cruzas dirigidas por estos criterios, los criadores lograron desarrollar las variedades de peces-espada que conocemos actualmente. Desde el punto de vista evolutivo, lo que sucedió fue un proceso de selección artificial en el que los individuos que resultaban más atractivos para los criadores tenían una mayor probabilidad de reproducirse. Al paso del tiempo, los genes responsables de la coloración más viva aumentaron su proporción en las poblaciones mantenidas en acuarios, hasta que se lograron variedades consistentemente rojas y con colas muy alargadas.

Este proceso de selección artificial, también presente en la crianza de animales domésticos, como el perro y el caballo (o en las famosas palomas estudiadas por Darwin), es completamente análogo con el proceso de selección natural que se da en las poblaciones silvestres. En los ríos del noreste de México sería muy desventajoso para un pez-espada tener una coloración vistosa, ya que esto sería como un imán para los depredadores. En condiciones silvestres la selección natural actúa “en contra” de los genes responsables de los colores vivos puesto que los individuos que los poseen tienen probabilidades menores de sobrevivir y de transmitir esos genes a las futuras generaciones. Es por ello que los peces-espadas en condiciones naturales tienden a tener coloraciones discretas que les permiten pasar inadvertidos ante los depredadores.

Darwin, en El origen de las especies, explica cómo la variación natural en las poblaciones (lo que hoy en día llamaríamos “diversidad genética”) puede manifestarse de maneras extremas en los animales domésticos a través de la selección artificial. Darwin discute con profusión el caso de las palomas domésticas en particular, pero podemos ver ejemplos tanto o más espectaculares en la increíble variedad de formas y tamaños entre los perros, por ejemplo. Esa misma variación natural es lo que permite a la selección natural moldear las características de las poblaciones silvestres. Aunque la mayoría de los peces-espada en los ríos del noreste de México son de color gris verdoso e inconspicuos, existe en su acervo genético la información que ha permitido a los criadores desarrollar formas de extraordinario colorido y morfologías extremas. Si de alguna manera un individuo criado en acuario llegara a ser liberado en el ambiente natural de la especie, su probabilidad de supervivencia y reproducción sería muy baja. Aunque lograra sobrevivir al ataque de los depredadores atraídos por sus vivos colores, un pez – espada macho de larga cola tendría problemas, incluso mecánicos, para fecundar a las hembras. De esta manera, la selección natural impediría el desarrollo de una población natural de peces de color rojo vivo y colas largas.

Estudios recientes han analizado la selección natural en acción en poblaciones naturales de una especie de pez mosquito, la gambusia hubbsi, en los cuerpos de agua de las Bahamas. Un equipo de investigadores encabezados por Brian Langerhans ha encontrado diferencias morfológicas entre poblaciones de gambusia en sitios con y sin depredadores. En las pozas en donde hay una fuerte presión de los depredadores, los peces tienden a tener cabezas más pequeñas y colas más grandes, tal vez para poder nadar más velozmente y escapar de los peligros. En este caso, la selección natural determina que los peces con colas más grandes tengan mayor probabilidad de sobrevivir y reproducirse. A través de las generaciones, esta característica estará presente en la mayoría de los individuos. Por el contrario, en sitios sin depredadores, los peces con colas grandes no tienen ninguna ventaja, de manera que el promedio de tamaño de la sección caudal será menor que en zonas con depredadores.

La parte más interesante del estudio de Langerhans y sus colaboradores es que parecería haber un patrón conductual en el que los individuos nacidos en zonas con depredadores tienen preferencia por reproducirse con individuos de cola grande, mientras los peces nacidos en sitios sin depredadores prefieren como pareja reproductiva individuos con colas de tamaño pequeño. Estas preferencias conductuales amplifican el efecto de la selección natural generada por la presencia o ausencia de los depredadores. De esta manera, en una sola región de unos cuantos kilómetros cuadrados es posible encontrar subpoblaciones que difieren claramente en su morfología.

Estas subpoblaciones se consideran como pertenecientes a una sola especie, porque los individuos de ellas pueden aparearse y producir descendencia viable. Sin embargo, es posible que la estructura que muestran actualmente estas subpoblaciones sea un preludio de un posible proceso futuro de especiación, es decir, de generación de una nueva especie. Podemos imaginarnos un escenario futuro en el que las diferencias entre los grupos con y sin presión de los depredadores se hicieran cada vez mayores, hasta alcanzar un punto en el que la reproducción entre individuos de los dos grupos se hiciera imposible. Este aislamiento reproductivo es un requisito ineludible para la formación de nuevas especies, como lo señaló con gran insistencia Ernst Mayr a mediados del siglo XX. Al darse el aislamiento reproductivo, los dos grupos podrían ya considerarse especies diferentes.

Las gambusias de las Bahamas nos muestran cómo la selección natural puede conducir al aislamiento reproductivo y éste a la formación de nuevas especies. Tradicionalmente se ha separado el estudio de los procesos evolutivos dentro de una especie (microevolución) y de los que se manifiestan entre especies (macroevolución). Casos como el de la gambusia son ejemplos que muestran que los dos tipos de fenómenos pueden ligarse en un sólo proceso cuya definición repercute en el título del libro de Darwin: se trata de un proceso de origen de nuevas especies a través de la selección natural. A final de cuentas, podría ser que realmente los peces mosquito hagan honor a su nombre y se embarquen, como los gambusinos, a “negocios” cuyo resultado final depende en gran medida de la casualidad y el riesgo.

 1Dícese del órgano o conjunto de órganos poco aparentes. (N del E)
1
Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la UNAM, Campus Morelia.

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