El impacto de una nueva idea
El impacto de una nueva idea
Leonor Solís 1
Se dice que los hombres mueren pero sus ideas no. Las ideas toman su propia vida, se esparcen, crecen y son también capaces de transformar la realidad. En ciencia, los progresos no siempre se dan en forma gradual, como afirma el famoso historiador T. S. Kuhn. La ciencia está salpicada de revoluciones que cambian la forma de concebir el mundo de los científicos y de la humanidad. Cambiar la idea de concebir la creación de la naturaleza como obra de un acto divino, a la idea de que los seres vivos se van transformando a lo largo del tiempo, generando nuevas especies, fue la idea que nos brindó Darwin hace 150 años. Su idea de selección natural fue capaz de unificar las ciencias de la vida. Y es que concebir a las especies actuales como resultado de un largo proceso de adaptación y diversificación a partir de ancestros –y que dicho resultado es guiado en buena medida por un mecanismo conocido como selección natural– permitió entender en conjunto muchos aspectos de la morfología, anatomía, desarrollo embrionario, conducta, distribución geográfica y clasificación de los organismos, los cuales antes tenían explicaciones independientes.
Muchas de las ideas de Darwin, como los largos periodos de tiempo necesarios para la evolución o la variación de las especies, no podían ser demostradas en aquella época y fueron objeto de burla y rechazo. Sin embargo, el tiempo le fue dando la razón. El descubrimiento de la radioactividad permitió demostrar que la Tierra tiene más de 3,500 millones de años, suficientes para que la evolución de los organismos a partir de un ancestro común se llevara a cabo. Las ideas sobre la herencia encontraron sus respuestas en el siglo pasado. En 1900, el descubrimiento de los experimentos con chícharos que realizó Mendel permitió demostrar que sus características no se heredaban juntas sino independientemente de las generaciones siguientes. Posteriormente, en 1953, con el descubrimiento de la doble hélice de ADN, fue que se resolvió el misterio de cómo pasa la información genética de una generación a la siguiente, dando la razón a los planteamientos que Darwin había realizado 100 años atrás.
Las ideas de Darwin tuvieron su más fuerte impacto dentro de la biología con investigaciones en taxonomía, paleontología, ecología, genética de poblaciones y más recientemente con el desarrollo de la sistemática, la biología molecular, la biología del desarrollo y la genómica. Los nuevos descubrimientos en todos estos campos no han hecho otra cosa que consolidar los conceptos y la teoría de la evolución biológica.
Pero su impacto científico no se limitó a la biología. Se ha reconocido que Darwin inauguró una nueva forma de hacer ciencia. En aquella época ni las leyes universales ni la historia de los fenómenos, ni el azar, jugaban algún papel. En cambio, Darwin demostró que la diversidad de los organismos y sus extraordinarios diseños sólo se entienden en términos de su historia y de la combinación de dos procesos: variación que surge al azar y selección natural. A partir de entonces la ciencia no fue la misma.
1Centro de Investigaciones en Ecosistemas de la
UNAM, Campus Morelia.














