Redes regionales e internacionales de divulgación de la ciencia

Redes regionales e internacionales de divulgación de la ciencia
Julia Tagüena 1
La divulgación de la ciencia busca ampliar y profundizar el conocimiento científico de los ciudadanos y fomentar la cultura científica de la sociedad. Vamos a usar aquí indistintamente los verbos comunicar y divulgar. Estrictamente hablando, el concepto comunicación de la ciencia abarca el conjunto de actividades de comunicación que tienen contenido científico, desde la comunicación entre especialistas, pasando por la enseñanza, hasta la divulgación, destinada al público lego. Además, la comunicación implica una conversación en ambas direcciones. Sin embargo, hay un acuerdo por uso y costumbre, que consiste en utilizar el término comunicación de la ciencia como sinónimo de divulgación, aunque la divulgación es sólo una parte de ella; para evitar confusiones con la palabra difusión la entenderemos aquí como la propagación del conocimiento entre especialistas (publicar resultados de una investigación, presentar trabajos en un congreso científico). En inglés se usa el término science communication para referirse a la divulgación de la ciencia como disciplina y como área de investigación.
Si nos enfocamos a la divulgación de la ciencia a través de los medios de comunicación de masas y a la noticia científica hablaremos de periodismo de la ciencia, y en el mundo de los museos, de museología científica. La popularización de la ciencia tiene un contenido de compromiso social, mientras la apropiación de la ciencia se refiere ya al cambio que se produce en una persona al acercarse a la ciencia. No es el propósito de este texto definir estos términos, sino tan sólo señalar que sería muy conveniente que en Iberoamérica llegáramos a un compromiso semántico para designar a esta multidisciplina tan importante.
La divulgación y la difusión de la ciencia en México tienen una larga historia. Como resultado de este esfuerzo, hoy se aprecian muchos de sus logros.
Sin embargo, no contamos todavía con un diagnóstico detallado de sus productos. Lo que sí es muy claro es que la comunicación de la ciencia ha pasado de ser una actividad prácticamente voluntaria y de servicio a una actividad profesional y en muchos casos, parte de la academia. Las sociedades han desempeñado –y desempeñan actualmente– un papel muy importante en este proceso a través de la conformación de redes, primero locales y después regionales e internacionales.
Las redes permiten un importante intercambio de experiencias; era muy común que cada nuevo divulgador recorriera el mismo camino transitado por otros, sin aprovechar las experiencias de sus colegas. Las redes también miden el impacto social de la comunicación de la ciencia, esto es, su efectividad. Finalmente, el liderazgo y el reconocimiento nacional e internacional se construyen sobre redes de colaboración. No sobra mencionar que las redes, al conformarse en academias y sociedades científicas, fueron fundamentales para profesionalizar la propia actividad científica: la Royal Society of London for Improving Natural Knowledge, fundada en 1661, hoy Royal Society, es la más antigua del mundo.
El poder de las redes
Tradicionalmente las organizaciones sociales y académicas y las empresas de negocios tienen una estructura jerárquica. Sin embargo, vivir en la era del conocirada, en una sociedad globalizada, necesariamente está cambiando esta estructura vertical. El gran reto es crear una organización donde fluyan la capacidad y el conocimiento. La colaboración se ha vuelto fundamental para las organizaciones sustentables; el éxito de estas asociaciones está en incluir dentro de una jerarquía un flujo horizontal de información.
Muchas organizaciones son sistemas complejos, donde “sistema complejo” significa mucho más que “complicado”. Los sistemas complejos están compuestos por muchas partes que interaccionan entre sí. Cada parte tiene su propia estructura y está encargada de una función específica. Lo que le pasa al sistema le afecta de una manera no lineal, es decir, el sistema responde exageradamente o inesperadamente a pequeñas alteraciones o es inmune a otras. Otro detalle importante de los sistemas complejos es que el todo es más que la suma directa de sus partes, lo que produce comportamientos nuevos llamados emergentes, que no se explicarían sólo por el funcionamiento aislado de sus componentes. Una red compleja puede representarse como un conjunto de nodos conectados que interactúan de alguna forma. Por ejemplo, una red compleja social puede ser un conjunto de personas unidas por lazos de amistad.
El estudio de las redes se ha vuelto muy importante en disciplinas tan diversas como la computación y la biología. Aquí estamos interesados en las llamadas “redes de colaboración”, que son redes complejas formadas por nodos y por ligaduras entre ellos, con interacciones con una cierta topología y dinámica de evolución. Una red se puede representar por puntos –los nodos– y rayas –los vínculos–, nociones que vienen de la teoría de gráficas.
Por ejemplo, se ha estudiado la red de los coautores de artículos científicos (Barabasi et al., 2002) que es fácil de analizar porque hay datos precisos en las revistas más importantes. Esta es una red compleja, donde los nodos son los científicos y los vínculos son las revistas. Es una red semejante a la de los actores de Hollywood, donde los actores son los nodos y los vínculos las películas. Tanto en una como en la otra se añaden nodos y vínculos con una topología determinada por hechos dinámicos. La diferencia entre estas dos redes es que los científicos son más libres para interactuar y realizar trabajos conjuntos, mientras que los actores están más sujetos a decisiones de directores y productores.
Otra forma de hablar de las organizaciones con redes de colaboración es a través de los llamados “activos intangibles” (Betancourt, 2008). Más que los activos físicos y financieros, el verdadero valor de una organización viene de las capacidades de su gente al trabajar juntos y compartir metas. Estos activos intangibles se basan en la información y el conocimiento. Cuando las personas trabajan en grupo, hay al principio problemas de coordinación; pero con el tiempo se van afinando tanto las relaciones como los procesos. Trabajar en red es crear y gestionar conocimiento a través del valor que aportan los activos intangibles. El conocimiento asociado a las capacidades de una organización se convierte en el capital intelectual, que aumenta de forma significativa mediante la solución de problemas de forma eficiente. Esto es el aprendizaje de una organización: resolver problemas todos juntos con eficiencia. Así, los nuevos divulgadores de la ciencia que se incorporen a una red establecida, aprovecharán la experiencia de miembros más antiguos, experiencia que es un activo intangible, pero fundamental, para avanzar más rápidamente en una carrera profesional.
Redes mexicanas y regionales
Las actividades de comunicación a nivel nacional en México pueden apreciarse a través de las redes, en particular de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (SOMEDICyT: www.somedicyt.org.mx), descrita en El oficio del Grafito de esta revista.
En general todas las asociaciones científicas nacionales le dedican espacios a la divulgación y difusión de sus especialidades, y en México se destaca la gran labor realizada por la Academia Mexicana de Ciencias (www.amc.unam.mx). Los museos de ciencias del país se agrupan en la Asociación Mexicana de Museos y Centros de Ciencia y Tecnología (AMMCCyT: www.ammccyt.org.mx) formando una red de instituciones.
Es importante también mencionar como redes relacionadas directamente con la divulgación de la ciencia en México a las formadas por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico A.C. (www.foroconsultivo.org.mx) y el Consejo Consultivo de Ciencias ( www.ccc.gob.mx ). El Foro se crea a partir de la ley de Ciencia y Tecnología promulgada en junio de 2002 y el Consejo, asesor de la presidencia, está formado en este momento por 114 miembros, todos ellos distinguidos académicos que han recibido el Premio Nacional de Ciencias y Artes.
Todos los países de la región Iberoamericana tienen sus redes locales. Por ejemplo, en Chile destaca la red de periodistas científicos (achipec.org) y en España la Asociación de Profesionales de Gabinetes de Comunicación de Universidades y Centros de Investigación del Estado Español ( AUGAC: www.augac.info ). Sin embargo, sería imposible revisar aquí todos los casos locales. Concretémonos en decir que la región latinoamericana queda cubierta por la Red de Popularización de la Ciencia para América Latina y el Caribe ( RedPOP: www.redpop.org ), que cumple veinte años desde su creación y cuya reunión bienal se realizó este año en Campinas, Brasil ( www.mc.unicamp.br/redpop2011 ). Además de usar la tecnología digital, estas redes organizan reuniones presenciales que complementan sus acciones: si bien la tecnología digital ha logrado la comunicación virtual a través de grandes distancias, es necesario incluir el trato personal cuando se busca consolidar una comunidad.
Es importante mencionar también el Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo que promueve y apoya económicamente la formación de redes temáticas en Iberoamérica ( www.cyted.org ). Una de sus áreas temáticas es Ciencia y Sociedad, donde se apoyan redes sobre comunicación de la ciencia de al menos seis países cada una, por ejemplo la Red de Medición de Impacto de la Popularización de la Ciencia y la Tecnología en Iberoamérica ( REMIPCyT: www.remipcyt.org ), que es una subred de RedPOP.
Redes internacionales
Históricamente los museos del mundo se han agrupado en el International Council of Museums (ICOM: www.icom.museum ) que sin duda sigue teniendo una gran presencia internacional. Sin embargo, al tener los museos interactivos de ciencia características distintivas, han aparecido redes nuevas para agruparlos. Estas redes incluyen a todos los continentes y se reúnen cada tres años en un congreso mundial de museos que se va moviendo de continente en continente. Este año se completa el primer ciclo con un congreso en Sudáfrica ( www.6scwc.org ). En la reunión anterior en Toronto, Canadá, se logró la llamada Declaración de Toronto ( www.cientec.or.cr/mhonarc/redpop/doc/msg00249.shtml ), donde los museos y centros de ciencia establecen su posición frente a los problemas del mundo. Reproducimos un fragmento de esta declaración, donde se plantea su posición:
…Creemos que todos los ciudadanos deberían tener acceso a un centro de ciencias, o a sus servicios, en su propia región. Usaremos nuestros conocimientos y experiencia colectiva para ayudar a expandir las actividades de nuestro sector a los lugares y a las comunidades donde los centros de ciencias sean necesarios y requeridos, pero aún no se han establecido.
Nos comprometemos a trabajar juntos para vencer las barreras culturales, físicas, sociales y geográficas, para involucrar a la gente en la ciencia y conectarla a través de ella…
En esta red de museos y centros de ciencia nuestra región está representada por RedPOP, aunque no todos los miembros de esa red son museos. A Estados Unidos lo representa la Asociación de Centros de Ciencia y Tecnología ( ASTC: www.astc.org ), aunque es una red global que tiene miembros en todo el mundo. A Europa lo representa la Red Europea de Centros y Museos de Ciencia ( ECSITE: www.ecsite.net ); a Asia la Red de Centros de Ciencia y Tecnología de la Región Asia Pacífico ( ASPAC: www.aspacnet.org ), con autonomía del Consejo Nacional de Museos de Ciencias de la India (NCSM: www.ncsm.gov.in ) y de China, con la Asociación China de Museos de Ciencias Naturales (CANSM: www.english.cast.org.cn ). África tiene dos redes actualmente: en el norte está la North Africa and Middle East Science Centers (NAMES: www.namesnetwork.org ), y en el sur la Asociación Sudafricana de Centros de Ciencia y Tecnología (SAASPAC: www.saastec.co.za ).
Desde el punto de vista académico de la comunicación de la ciencia, la Public Communication of Science and Technology Network ( www.upf.edu/pcstacademy/ ) es la academia que desempeña el papel más importante con sus reuniones sobre la comunicación pública de la ciencia, también cada tres años. La última tuvo lugar en 2010 en Nueva Delhi, India ( www.pcst-2010.org ), y la próxima será en Florencia ( www.pcst2012.org ). Esta red ha producido documentos y libros muy importantes, referentes imprescindibles a consultar en el área (Cheng et al., 2008).
Conclusiones
Hemos planteado aquí una breve discusión sobre los términos que usamos para la divulgación de la ciencia, sin llegar a conclusiones acabadas. Sin embargo, independientemente de esa discusión hay entendidos comunes en nuestra región y en el mundo y ha habido un gran proceso de profesionalización de esta actividad tan importante para el desarrollo humano. Hemos mostrado que en este proceso de profesionalización, las redes de colaboración, a muy diversos niveles, están jugando un papel fundamental, como se puede ver en sus páginas de Internet y en los congresos que estas redes organizan. Es bien conocido que las asociaciones profesionales son fundamentales para sus gremios, en esta época, gracias al poder del Internet, estas asociaciones se extienden virtualmente a todo el mundo. Todavía no tenemos claro el impacto que la Internet tendrá en el futuro de la humanidad, pero sin duda será importante acompañar esta revolución social que representa tener conocimiento accesible y compartido.
1Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica
Centro de Investigación en Energía,
Universidad Nacional Autónoma de México
jtag@unam.mx
Agradecimientos
La autora agradece al Dr. Rafael Barrio y a la maestra Ana María Sánchez sus comentarios a este artículo. Un reconocimiento al Seminario Internacional de Museografía y Educación en Espacios Informales, realizado en Santiago de Chile del 23 al 25 de marzo de 2011, por permitir el uso para este artículo del material presentado ahí.
Bibliografía:
Sánchez, A.M. (2010). Quehacer científico y tecnológico. Introducción a la comunicación escrita de la ciencia. Xalapa: Universidad Veracruzana.
Toffler A. (1990). Powershift: Knowledge, wealth and violence at the edge of the 21st Century. New York: Bantam Books.
Barabasi, A.L., H. Jeong, Z. Néda, E. Ravasz, A. Schubert y T. Vicsek (2002). “Evolution of the Social Network of Scientific Collaboration”. Physica A, núm. 3-4, pp. 590-614: www.barabasilab.com.
Betancourt, J. (2008). Notas del curso de Juan Carlos Gallego, comunicación privada.
Cheng, D., M. Claessens, T. Gascoigne, J. Metcalfe, B. Schiele y S. Shi (eds.) (2008). Communicating Science in Social Contexts: New models, new practices. Springer USA.













