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¿Por qué nos debe importar lo que pasa en la naturaleza?

¿Por qué nos debe importar lo que pasa en la naturaleza?
El papel de la comunicación ambiental

Ana Claudia Nepote1

La ecología es una de las disciplinas científicas que se ha visto favorecida y ha logrado reconocer como necesaria la labor de comunicar su trabajo a la sociedad. En nuestro entorno natural hemos visto cómo han ocurrido grandes transformaciones a ritmos nunca antes registrados; estos cambios están claramente vinculados al desarrollo de la capacidad tecnológica de la sociedad y al crecimiento desmedido de la población y la consecuente demanda del uso de los recursos naturales. ¿Cómo podemos entender esos cambios? ¿Cómo puede la ciencia hablarnos de sus logros y sus preocupaciones?

Hace veinticinco años, un grupo de profesionistas de diversas disciplinas, motivados por lograr que el conocimiento científico y técnico fuera accesible a todos los sectores de la población, conformaron la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica A.C. (SOMEDICyT). A lo largo de este tiempo se han integrado nuevas generaciones de profesionistas a este gran proyecto nacional, ahora ya reconocido en México por científicos y por colegas iberoamericanos. Las actividades de divulgación científica han alcanzado casi todos los rincones del país, como queda demostrado en las memorias de los diecisiete congresos nacionales de divulgación que se han realizado hasta ahora. La experiencia es vasta, diversa y rica.

La divulgadora mexicana Ana María Sánchez Mora afirma en su libro Introducción a la comunicación escrita de la ciencia, que en este periodo, la divulgación de la ciencia en México pasó de ser un “voluntariado social” a una profesión de tiempo completo. En la actualidad, las instituciones de investigación reconocen la necesidad de crear oficinas especializadas para abrir canales de comunicación con la sociedad.

¿Por qué es importante hablar de los impactos de la sociedad en la naturaleza? Porque nos afectan a todos; tarde o temprano deberíamos de tomar conciencia de nuestra interdependencia con el mundo en el que vivimos. La sociedad actual tiene muchas preguntas qué formular a los científicos naturales a raíz de los cambios ambientales globales: desde los impactos negativos que los pesticidas y otras sustancias químicas tienen en el agua que bebemos y en los alimentos que ingerimos, publicado por Rachel Carson desde la década de los sesentas, hasta el incremento en la temperatura promedio del planeta y las consecuencias que este cambio tiene en las poblaciones humanas y en los recursos naturales, resultados de múltiples investigaciones realizadas por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. Como respuesta, la comunicación de la ciencia ha obtenido una dimensión importante entre los investigadores y los ciudadanos.

Comunicar: parte esencial de la generación de conocimiento científico
Carmelo Polino, investigador del Centro REDES de Argentina (http://www.centroredes.org.ar/ ), sostiene que para comprender la ciencia contemporánea y su vinculación con la sociedad tenemos que entenderla como tecnociencia. La comunicación de la ciencia, bajo esta perspectiva, no es sólo un “bien cultural” de la sociedad, ni tampoco es únicamente una “obligación moral” de los científicos, sino que la comunicación se ha convertido en una necesidad de las condiciones de producción del conocimiento científico. Además, el funcionamiento de la tecnociencia requiere la formación de redes de investigación, interdependencia entre la ciencia y la tecnología, y la concurrencia de una pluralidad de agentes de cambio; en este sentido, la comunicación debe asumir un rol más activo para bien de la sociedad y del conocimiento científico.

Las ciencias ambientales reconocen que la comunicación y el compromiso público con respecto a los temas ambientales son prioritarios y constituyen mecanismos para catalizar acciones sociales a favor del ambiente. La comunidad de ecólogos, por ejemplo, considera que los ciudadanos de a pie deben tomar un rol más activo en el cuidado del medio ambiente y la preservación de la naturaleza. Es ya común la frase “piensa globalmente, actúa localmente” que invita a realizar acciones pequeñas e individuales que tendrán repercusión a nivel planetario. Sin embargo, muchos ciudadanos aún se sienten desesperanzados en un mar de información y noticias que reciben cotidianamente en los medios de comunicación sin saber cómo involucrarse.

Aunque son muy diversos los factores que contribuyen a la inacción social frente a las problemáticas ambientales, los científicos deben reconocer que comparten parte de la responsabilidad por no saber comunicar sus principales mensajes, no lograr convencer a quien financia la ciencia para invertir recursos en proyectos de investigación pertinentes, y hasta hace poco, menospreciar el trabajo de los divulgadores como una actividad meramente periférica y marginal dentro del proceso de investigación.

Los estudios realizados en diversos países acerca de la percepción pública de la ciencia y la tecnología ofrecen un panorama general en cuestiones ambientales. En Estados Unidos, por ejemplo, donde la televisión es la fuente principal de noticias y de información sobre ciencia y tecnología, muchos ciudadanos son conscientes y están preocupados por la calidad del medio ambiente en el que viven, según los resultados de una encuesta Gallup realizada en 2009. De acuerdo con este estudio, posiblemente esto se deba al incremento de cobertura de temas ambientales en los medios de comunicación, especialmente sobre cambio climático. En esta encuesta se muestra que 65% de los participantes reconoce al dióxido de carbono como un gas que causa el aumento de la temperatura en la Tierra, pero sólo 49% cree que la Tierra se está calentando debido a las actividades humanas. Esto indica que, aunque existe un incremento en la cobertura de temas ambientales, no siempre se garantiza calidad y claridad en el mensaje que el público recibe.

El impacto que los medios de comunicación tienen en el público se refleja en la adquisición de una mayor conciencia, y en el interés y la atención hacia estos temas; algunos estudios sugieren, incluso, que a través de estos medios se puede modificar la manera como el público entiende la ciencia. Ana María Sánchez, en el libro antes mencionado, también reconoce a la televisión y la radio como los responsables de moldear la opinión pública, pero afirma que aún persisten imágenes distorsionadas de la ciencia.

En México, en el año 2009, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) realizó su última encuesta sobre percepción pública de la ciencia y la tecnología; aunque en ella no se aborda específicamente información relacionada con temas ambientales, los resultados proporcionan una idea general sobre los conocimientos y la cultura científica de la población mayor de 18 años que participó en la encuesta: 17% manifestó tener interés por conocer los desarrollos científicos y tecnológicos relacionados con el medio ambiente, seguido por un 15% que manifestó el mismo interés en medicina, mientras que el menor porcentaje, 4.97%, corresponde a quienes se interesan en conocer sobre astronomía y viajes espaciales.

La encuesta del CONACYT también hace referencia al porcentaje de personas que durante 2009 visitaron algún museo de arte, zoológico o acuario, biblioteca o museo de ciencia: 44.76% de los encuestados visitaron un zoológico o acuario mientras que tan sólo 13.4% visitaron un museo de ciencia.

Si bien es indudable que en México la ciudadanía se interesa por los temas ambientales, lo que ha fallado son las formas que deberían usar los ecólogos para lograr una comunicación más efectiva. Un problema que se ha señalado en relación a la manera cómo los medios de comunicación proporcionan información ambiental es la falta de profundidad y contexto en la que se presenta. Además, generalmente está enmarcada en un ambiente de conflicto y controversia, mientras que el consenso científico recibe poca atención posiblemente porque los medios de comunicación consideran que donde no hay controversia, no hay noticia.

Nuevas perspectivas para una acción común
Bruce Lewenstein, editor de Public Understanding of Science, reconoce que por más de cincuenta años, científicos, tomadores de decisiones, periodistas, curadores de museos y otros profesionistas preocupados por la relación entre la ciencia y públicos más amplios, han trabajado para mejorar la manera como la sociedad entiende la ciencia. Este reconocimiento supone que si el público tiene una mejor comprensión de la naturaleza y de los métodos de la ciencia, tendrá mayor respeto tanto por la ciencia como por los científicos.

Para conseguir lo anterior, Bruce Lewenstein aborda cuatro perspectivas diferentes para comunicar ciencia, cada una con distintos alcances y actividades. Es importante reconocerlas e identificarlas para adoptar una o varias de acuerdo con los intereses y características de cada institución o proyecto de investigación y/o comunicación. A continuación se expone una breve revisión de estas perspectivas.

Modelo de déficit: marca una comunicación unidireccional que va desde los expertos hacia el público lego. Concibe al público como un ente vacío al que hay que llenar con información, y supone que una vez cumplido ese mandato las cosas serán “mejores”. Este modelo presta poca atención a otras formas de conocimiento que pueden ser relevantes para los individuos en sus vidas cotidianas. Aunque se reconoce que este modelo ya es obsoleto en comunicación de la ciencia, su práctica aún es común.

Modelo contextual: se procesa información de acuerdo con los esquemas sociales y psicológicos que se han formado en los individuos por experiencias previas, contextos culturales y circunstancias personales. Este modelo reconoce la presencia de fuerzas sociales, sin embargo, se enfoca en la respuesta de los individuos a la información.

Estos modelos, tanto el de déficit como el contextual, parecen trabajar para lograr una apreciación pública de los beneficios que provee la ciencia a la sociedad, por lo que se les considera direccionales.

Modelo de la experiencia del público: se fundamenta en el conocimiento local de los individuos, en las historias y vida cotidiana de una comunidad dada, como lo pueden ser las prácticas agrícolas o los conocimientos tradicionales. Este modelo cuestiona la arrogancia de los científicos sobre su propio nivel de conocimiento y sostiene que es por ello que no logran reconocer las contingencias o la información adicional que el público requiere, ni para tomar decisiones personales en la vida cotidiana ni para tomar decisiones políticas.

Modelo de la participación pública: se enfoca en una serie de actividades necesarias para lograr que el público se comprometa con la participación y confíe en las políticas científicas. Estas actividades incluyen conferencias, foros o paneles de discusión ciudadana y diagnósticos sobre temas controversiales. Las actividades de participación pública pueden ser generadas para democratizar la ciencia, es decir, para que la ciencia deje de ser un privilegio para una élite y sea accesible a la ciudadanía y a organizaciones públicas para motivar un compromiso político. Es un modelo que plantea un diálogo entre los científicos y el público con la intención de remarcar la importancia de alimentar la práctica científica a partir de la opinión pública recibir comentarios sin necesariamente pretender dirigirla o controlar la opinión.

Esta clasificación general de los modelos de comunicación pública de la ciencia es una herramienta esquemática que permite entender las actividades con el público. Lewenstein reconoce que, en la práctica, muchas actividades de comunicación combinan elementos de los distintos modelos. En comunicación ambiental se requieren estrategias participativas que integren el compromiso y la opinión del mayor número posible de actores sociales para poder lograr el cambio social hacia un presente y un futuro más sustentable.

Para continuar la conversación
En mayo del 2009 ecólogos de seis instituciones de investigación en Estados Unidos y España, motivados por la comunicación ambiental, organizaron una conferencia titulada “Comunicación efectiva de la ciencia en controversias medioambientales”. La principal conclusión de la reunión fue que, para mejorar e incentivar el uso de la información ecológica en la toma de decisiones y la solución a problemas ambientales se requiere un replanteamiento de las estrategias de comunicación y una re-evaluación de las audiencias y de las responsabilidades públicas de los científicos. Se enfatizó que los ecólogos deben de hacer esfuerzos mayores para que sus mensajes logren llegar a audiencias no científicas y también necesitan pensar con mayor profundidad sobre las redes sociales que influyen el público.

Los ecólogos consideran actualmente nuevas aproximaciones, tanto en su quehacer científico como en sus labores de comunicación con diversos actores sociales. El camino parece llevar a una disciplina más incluyente en la que se tome en cuenta el conocimiento generado desde las ciencias naturales y sociales, además del aporte que los periodistas y divulgadores pueden hacer a los proyectos de comunicación ambiental.

El camino hacia un mayor entendimiento entre ecólogos y ciudadanos está en invertir en proyectos de comunicación que consideren todas las dimensiones de los modelos propuestos por Lewenstein. Se requiere, además, una mayor participación de los científicos en espacios públicos fuera de los centros de investigación y de los formatos académicos. Se necesitan acciones creativas que motiven un intercambio de saberes en las que los científicos descubran su capacidad de escuchar al público.

La suma de esfuerzos en comunicación ambiental está dando sus frutos. Este año se conformó una nueva agrupación internacional que trabaja con tres principios fundamentales que guían la comunicación de temas ambientales: interconexión, sustentabilidad y ecología. Se trata de la Asociación Internacional para la Comunicación Ambiental, en la que convergen investigadores, académicos, periodistas, profesores y activistas comprometidos en la atención, investigación y mejoramiento de las prácticas de comunicación, desde la convicción de que los problemas que nos aquejan no pueden resolverse de una manera aislada. Este esfuerzo, como el que iniciaron los socios fundadores de la SOMEDICyT hace veinticinco años, merece especial atención porque abre nuevos caminos para la consolidación del trabajo colectivo por una mayor cultura ambiental, científica y tecnológica que conformará las condiciones para que las sociedades contemporáneas tomen decisiones informadas sobre estos temas.

1 Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica A.C.
Centro de Investigaciones en Ecosistemas,
Universidad Nacional Autónoma de México, Campus Morelia
anaclaudia.nepote@gmail.com

Bibliografía:
Asociación Internacional para la Comunicación Ambiental: http://environmentalcomm.org/ Groffman, P.M, C. Stylinski, M.C. Nisbet, C.M. Duarte, R. Jordan, A. Burgin, M. A. Previtali y J. Coloso (2010). “Restarting the Conversation: Challenges at the interface between ecology and society”. Frontiers in Ecology and the Environment, vol. 8, núm. 6, pp. 284-291. Lewenstein, B. (2003). “Models of Public Communication of Science and Technology”. Public Understanding of Science, vol. 10, núm. 5. Lubchenco J. (1998). “Entering the Century of the Environment: A new social contract for science”. Science, 279: 491-497. Pew Research Center for the People and the Press (2009): http://www.people-press.org/reports/pdf/485.pdf. Sánchez, A.M. (2010). Introducción a la comunicación escrita de la ciencia. Xalapa: Universidad Veracruzana.


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